Años atrás conocí aquí, en el destierro, una bandada de pájaros a los que les dediqué un poema:
A los fornicadores de Santa Fe de Bogotá
Filósofos de ojos pardos,
de fuegos pirobos,
de cabelleras negras y radiantes
de alpargatas caleñas
que se sonrojan ante las procesiones de Bacco,
que se entumecen al oír los falos marchar a las guerras de mil carnes
Filósofos bien hablados
Pensadores violentos, enjaulados en una ciudad amurallada
Gomelos socráticos, cazadores de lobos y galas del valle
Mis amigos bogotanos
Luchadores en una batalla de culpas
Cegados por la violencia del origen
Edipos que aún esperan la noticia del heraldo
Sin saber de quién fue el puñal que se arrastra
!Todos gritan!
Nadie sabe de dónde viene la embestida
!Fuiste tu, fue aquel, fui yo mismo quien se untó las manos de sangre!
Y tu te preguntas, mi amigo filósofo,
y buscas la verdad entre ríos inundados de cadáveres
Y en tu angustia corres esperando que lluevan lulos y mangos
Que Plotino le de una patada al tambor y que los sapos callen
Que en el silencio se levante la montaña llena de tetas morenas
y cucas grandes, de putas, de machuques y revolcones
Sobre barrigas y ajiacos.
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