domingo, 18 de noviembre de 2007

¡Es hora de descansar, Hugo!

Te veo cansado, aunque aún enérgico. Eres un gran líder, sin duda, pero tanto trabajo agota y no deja tiempo para estudiar. Te lo puedo decir yo que doy clases todos los días, a quien pocas veces le queda tiempo para leer e investigar.

Es hora de irse a la playa a leer a Carpentier, teórico de la revolución, pensador de las revoluciones del Caribe, de las americanas todas y de la revolución francesa. En tus discursos, Hugo, se ve el poder verbal del cimarrón, una fuerza que viene desde las más profundas entrañas.

A Alejo le hubiera gustado más el nombre de cimarrón que el de socialista. Así que deberíamos cambiar el nombre de República Bolivariana por el de Primera Gran República Cimarrona de América. Pues mucho antes de la revolución francesa, del socialismo y de Bolívar, ya estábamos en estas tierras creando experimentos sociales en lugares apartados, en medio de las selvas y las montañas. Se experimentó todo tipo de estados, desde la Monarquía negra de Haití hasta el comunismo de los pueblos de la costa de Venezuela.

Socialismo es, por decirlo de alguna manera, una palabra insuficiente para designar el espíritu utópico que ha tomado posesión de ti. Cimarronada, por el contrario, apunta hacia el ser mismo de la sociedad utópica aún no alcanzada, y además nos permite escaparnos de todos los ismos esclavizadores de la razón utópica. La sociedad perfecta es como el ser de Heidegger que se encuentra en constante huida del pensar.

Vamos a la playa, amigo, sentémonos a pensar en la tragedia humana y en la infinita reproducción de la injusticia, meditemos sobre la sociedad perfecta que se nos escapa de las manos entumecidas por la lucha. Sentémonos frente al mar a leer el Reino de este Mundo y el Siglo de las Luces, recordemos a ese personaje descontento que se queja de una revolución de palabras.

Las palabras, Hugo, las palabras; tenemos que forjar las nuestras propias para que los ismos dejen de encarcelarnos en laberintos sin salida. Dejemos la política por un momento, acostémonos sobre la arena a mirar el cielo y a pensar sobre el origen de las estrellas.