jueves, 29 de noviembre de 2007

Andan hablando de ti

Por ahí he oído que ya no te gustan las mujeres, que ya no te importan. Otros dicen que eres mujeriego y que juegas con sus corazones; en todo caso parece que te has blindado de acero y que fémina alguna te doblega. Cuando tus enemigos ponen a la madre de tu hija a hablar pistoladas, no se te ve ni una sola lágrima ni un destello de tristeza. ¡Cómo me dolería a mi una traición tan profunda!

A mí las mujeres me llevan al cielo, luego me sacan de órbita, me mandan a los infiernos donde paso tiempos incontables olvidado de mi propia existencia, como esperando la muerte, un salvavidas de amnesia, una isla de pesadillas.

No hay mujer perfecta, porque perfecta sería aquella que me perdonara mis pecados contra ella misma cometidos y que viniera al rescate, a librarme de este diablo y su tridente, el dios terremoto de mares que ahora me ahoga en su marea.

El otro día me encontraba perdido en un suburbio americano, bajo la niebla fría del norte y en medio de la soledad de neones de franquicias engañosas, de lugares que se repiten y que prometen falsamente la regularidad del universo.

En aquellas calles de Oak Park, donde nació la Churra, me encontré con un monje cabeza rapada y tan blanco como el mismo hijo de Hitler. Le pregunté por el sentido de la vida. ¿No tienes nada mejor que preguntar? me dijo en aquél templo oscuro y sombrío. Arremetí de nuevo desde mi vergüenza y la dije: mi vida parece ser una larga cadena de espinas ciegas, puñales de sufrimiento. A veces uno se duerme, me dijo. Despierta y date cuenta de que ya estás iluminado.

¿Y qué de la mujer utopía? ¿Dónde está ese amor perfecto que no se deja destruir por ser alguno, que se autogenera y recrea sin importar los engaños ni los errores cometidos? Hoy me salvas tú de mi mismo, mañana te salvo yo de ti misma.

Hugo el superhombre

Te he visto loqueando, Hugo. Saliste en la Hojilla diciendo que tú también eras humano, pero de una suerte distinta, porque, según el Che, los revolucionarios son seres superiores. Dijiste "mi amor es infinito".

Hugo, es en serio, te está afectando tanta exposición a los medios; ser el centro de la noticia todos los días no es bueno. A veces es mejor andar de bajo perfil y hacer las cosas en silencio.

Te me estás enloqueciendo y me da miedo, porque ya han caído muchos desde la altura, y duro ha sido el golpe. El problema es la realidad, es demasiado grande como para tomarla en la palma de la mano. Es infinita y una lluvia de palabras difícilmente la puede contener.

Mañana te cuento el cuento de Adapa, el héroe del Iraq antiguo, cuya voz mágica podía paralizar los ríos y fue causa del castigo de los dioses.